Un anciano en su lecho de muerte llamó a sus tres hijos y les dijo:
-No puedo dividir en tres lo que poseo, eso dejaría muy pocos bienes a cada uno de vosotros. He decidido dar todo lo que tengo, como herencia, al que se muestre más hábil y más inteligente. Dicho de otra forma, a mi mejor hijo.
He dejado encima de la mesa una moneda para cada uno de vosotros. Cogedla. El que compre con esa moneda algo con lo que llenar la casa, se quedará con todo.



